domingo, 5 de mayo de 2013

La propia vida es el gran curador (Metamórfica)

La vida es el factor que impregna todas las cosas, y sin embargo, está más allá de ellas. Es y actúa como un poder en la materia, llamamos fuerza vital a este poder.

La vida es creación, y de la creación nace el movimiento, ese movimiento es cambio, y es la fuerza vital quien alimenta este cambio a lo largo de los diversos ciclos de existencia. Nunca puede decirse de un estado que sea permanente, aunque sea muy despacio, siempre está llevándose a cabo un movimiento.

Podemos comparar la vida con el agua que puede tomar forma de hielo, de vapor, de río o de mar. A través de esas diversas formas hay una continuidad a muchos niveles diferentes.

En el río que corre cauce abajo, sin embargo, la corriente puede verse entorpecida por piedras o por rampas. Pero, por encima de las piedras estará siempre la realidad del río, el potencial de cambio bajo los obstáculos. Nuestro propio movimiento y nuestra capacidad de cambiar pueden ser obstaculizados, pero toda la fuerza de la vida está esperando entre bastidores, lista para conducirnos a un estado de mayor libertad.

En la Naturaleza, la bellota se transforma en roble, la oruga en mariposa. Nosotros mismos tenemos en nuestro interior el potencial para hacer mucho más y para convertirnos en mucho más de lo que ahora somos. Padecemos las limitaciones de la materia, pero tenemos la capacidad de experimentar la libertad dentro de las limitaciones. Esta capacidad es un atributo de la fuerza vital, gracias a ella puede producirse el cambio interior sin que intervenga, necesariamente, ninguna imposición o intervención externa.



Todas las personas
todos los sucesos de tu vida
están ahí porque tú los has atraído
lo que eliges hacer con ellos
es asunto tuyo.

(Richard Bach) 

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